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miércoles, 7 de enero de 2026

La advertencia antes del colapso

 


La advertencia antes del colapso

Ensayo especulativo derivado de campos de probabilidad

Quiero compartir mis observaciones de visión remota respecto a los acontecimientos que parecen estar a punto de desarrollarse a partir de 2026. Lo que sigue no es una declaración de certeza, sino una advertencia derivada de campos de probabilidad: campos moldeados por frecuencias presentes, decisiones actuales y trayectorias de poder ya en curso.

Nada de lo aquí descrito está garantizado. Incluso la visión remota no revela resultados fijos; revela probabilidades: futuros posibles que emergen de las condiciones actuales. Las acciones que se tomen ahora pueden alterar estas trayectorias, a veces produciendo resultados opuestos a los originalmente previstos.

Gran parte de lo que está ocurriendo no es visible en los registros oficiales. Los tratados, doctrinas y estrategias públicas ocultan tanto como revelan. Bajo ellos existen operaciones clandestinas, acuerdos informales, maniobras financieras encubiertas y estrategias no reconocidas que no figuran en las “versiones oficiales”.

Aun así, lo que percibí en estos campos de probabilidad es internamente consistente, coherente y profundamente alarmante.

Cuatro crisis convergentes

Durante este período, el mundo —y especialmente los Estados Unidos— parece dirigirse hacia cuatro crisis simultáneas:

  1. Una crisis constitucional

  2. Un colapso económico

  3. Una tormenta geopolítica

  4. Una disrupción geológica a gran escala

Estos eventos no son aislados. Están interconectados, se refuerzan mutuamente y se aceleran entre sí.


Fallas económicas y geopolíticas

Ya estamos dentro de una guerra económica, haya sido reconocida formalmente o no. Varias señales indican que un punto de no retorno respecto al dólar estadounidense puede haber sido ya cruzado.

Seis indicadores de desestabilización del dólar

1. Confiscación de activos y represalias
Rusia confiscó más de 120 mil millones de dólares en activos europeos, llevando a múltiples empresas europeas al borde de la insolvencia y generando inestabilidad sistémica. Bajo el derecho financiero y bancario internacional, ninguna coalición ni autoridad puede transferir legalmente activos soberanos rusos a otro Estado. Cualquier fondo redirigido a Ucrania seguiría siendo legalmente adeudado a Rusia.

Sin embargo, esos activos ya fueron liquidados como represalia. Como resultado, Rusia no tiene obligación alguna de compensar, estableciendo un precedente extremadamente peligroso de guerra financiera mediante confiscación soberana.

2. La estrategia de salida del dólar de China
China ha ejecutado durante más de una década una desinversión gradual de varios billones de dólares en valores estadounidenses. En lugar de provocar un colapso inmediato, redistribuyó sus tenencias a través de instituciones domésticas, utilizó bonos como colateral, acumuló enormes reservas de oro, aseguró derechos mineros, adquirió control de puertos y financió infraestructura a escala global.

Esta estrategia permitió a China reducir su exposición al dólar de forma silenciosa, sin disparar alarmas. Mediante swaps monetarios y transacciones fuera de balance, ha disminuido sistemáticamente su dependencia del dólar manteniendo estabilidad de valor.

El momento en que China confirme públicamente que ha eliminado sus tenencias de deuda estadounidense —después de haber sido el mayor comprador durante décadas— la reacción del mercado de bonos será devastadora. Fondos de pensiones, hedge funds y sistemas de retiro a nivel mundial enfrentarán un colapso inmediato. China parece dispuesta a absorber la disrupción global a cambio de un realineamiento monetario total y el control de las cadenas de suministro.

3. Fuga de capital institucional
Grandes administradores de activos y corporaciones multinacionales —incluyendo BlackRock— han comenzado a retirar capital de activos denominados en dólares. Esto, por sí solo, es una señal terminal de pérdida de confianza. El capital no abandona imperios por accidente.

4. Incumplimiento de facto
Estados Unidos no logró refinanciar aproximadamente 9,4 billones de dólares en deuda. Las afirmaciones de que entidades LLC oscuras absorbieron dicha deuda encubren mecanismos circulares internos, equivalentes a que la Reserva Federal se financie a sí misma. Esto equivale a una forma de canibalización monetaria y roza el fraude.

Estas prácticas violan el marco de Bretton Woods, el cual Estados Unidos aplica selectivamente contra otras naciones mientras lo ignora internamente.

5. La verdadera carga de la deuda
Los 38 billones de dólares citados como “deuda nacional” reflejan únicamente obligaciones federales. La deuda real de Estados Unidos —incluyendo estados, condados, municipios, Medicare, Medicaid, Seguro Social, deuda estudiantil, deuda de consumo, hipotecas (Fannie Mae y Freddie Mac), deuda corporativa y pasivos no financiados— se aproxima a 666 billones de dólares.

Esta cifra es impagable bajo cualquier mecanismo económico realista.

6. El realineamiento monetario de los BRICS
Las naciones BRICS avanzan hacia una moneda respaldada por recursos naturales. Para que este sistema sea adoptado, el dólar debe colapsar. China y sus socios tienen tanto el incentivo como la capacidad para acelerar ese proceso.

Estados Unidos no puede protestar sin admitir la fragilidad de sus propios valores, lo que provocaría pánico inmediato en los mercados. El silencio se convierte así en parálisis.


La escalada por desesperación

En este contexto, las acciones ilegales y agresivas contra Venezuela no representan fortaleza, sino desesperación. Estas acciones violan el derecho internacional y constituyen una escalada temeraria. Cuando un Estado comienza a atacar económicamente o militarmente incluso a aliados o naciones neutrales, envía un mensaje claro: nadie está a salvo.

Este comportamiento acelera el realineamiento de alianzas y fomenta la repatriación de activos, la liquidación de reservas de oro y la retirada masiva de inversiones en Estados Unidos. El éxodo que se inicie bajo estas condiciones puede ser repentino, irreversible y devastador para la economía global.

Sudamérica posee más del 50 % de los recursos naturales del planeta. La formación de un bloque sudamericano ya no es opcional: es indispensable. Sin ello, el colapso no será solo financiero, sino civilizatorio.


Inestabilidad geológica y electromagnética

El sistema solar atraviesa actualmente el plano galáctico, referido en antiguas cosmologías como el “cordón umbilical” de la galaxia. Este ciclo ocurre aproximadamente cada 12.900 años y está consistentemente asociado en registros históricos con hambrunas, destrucción y reinicios civilizatorios.

Al cruzar esta región densa, cambian las condiciones electromagnéticas, lo que se correlaciona con:

  • Incremento del movimiento tectónico

  • Reactivación volcánica

  • Aumento de terremotos

  • Alteraciones en las corrientes oceánicas

  • Inestabilidad geotérmica

El continente norteamericano es particularmente vulnerable.

La falla de New Madrid muestra signos de reactivación. Un evento de magnitud 9 dividiría efectivamente a Estados Unidos, desestabilizaría la cuenca del Misisipi, comprometería Fort Knox y amenazaría los diques de los Grandes Lagos, poniendo en riesgo extremo a ciudades como Chicago.

En el oeste, los sistemas de San Andrés y las Cascadas permanecen preparados para eventos sísmicos mayores, mientras Yellowstone presenta indicadores anómalos. Instalaciones de residuos nucleares en Nuevo México y Texas ya registran actividad sísmica inusual. En Florida, la proliferación de sumideros sugiere colapso estructural, con escenarios de sumersión plausibles hacia 2029.


La ruptura constitucional

Estados Unidos ya se encuentra inmerso en una crisis constitucional.

El poder ejecutivo se ha vuelto errático, personalizado y desvinculado de la rendición de cuentas institucional. La corrupción a nivel de gabinete, el abuso de poder y la violación sistemática del debido proceso han vaciado de contenido el Estado de derecho.

La infraestructura de vigilancia —financiada con enormes recursos públicos— permite ahora el monitoreo total de la población. El miedo sofoca la disidencia. Muchos actores políticos guardan silencio no por lealtad, sino por coerción financiera, reputacional y existencial.

Cuando el colapso económico converja con la exposición pública de abusos sistémicos, la reacción social será incontrolable. Las estructuras de poder buscarán un chivo expiatorio. La figura más polarizante absorberá la culpa colectiva.

Si la ciudadanía encuentra el coraje para desmontar el aparato completo, la reconstrucción será posible. Si no, solo se reemplazará una figura mientras el sistema permanece intacto.


Un final probable y un comienzo posible

Esto no es la realidad presente. Es una proyección desde campos de probabilidad: uno de varios futuros aún accesibles.

Hacia 2031, se abre una ventana para la reconstrucción. Podrían emerger nuevos sistemas donde las personas recuperen la soberanía sobre los recursos, la gobernanza y el conocimiento. Modelos basados en Riqueza Comunitaria Científica, tecnologías cuánticas y sistemas vinculados a campos de conciencia podrían reemplazar jerarquías extractivas.

Las civilizaciones no colapsan por falta de advertencias.
Colapsan porque las advertencias son ignoradas.

Este ensayo existe para que una de esas advertencias quede registrada.

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